Siempre, o casi siempre, los primeros días de una relación amorosa suelen ser idílicos, paradisíacos, pero en el caso de Jhamila y yo, no fue así.
Los problemas empezaron muy pronto, apenas al segundo día de relación; al principio, el carácter impulsivo y vehemente de Jhamila, unido a mi poca paciencia, desataban verdaderas tormentas tropicales en nuestro paraíso privado, pero mi insistencia terminaba venciendo la resistencia de mi joven enamorada y convenciéndola de no terminar, tan pronto, un amor que recién se estaba empezando a asomar entre ambos.
Esta extraña dinámica de peleas y reconciliación se repetía día tras día, dejándome desconcertado y minando mi capacidad de comprender sus actitudes, hasta que, finalmente, supe la verdadera razón de tanta discusión...
Esa razón tenía un nombre y en el siguiente post conocerán la historia.

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